Fue fundada por los conquistadores romanos hacia el siglo II antes de
Cristo. Un paraíso de rancio sabor castellano, en un paraje especial de encrucijadas y
colores cambiantes. Tiene Ampudia larga historia e hidalgos viejos. LLama la atención la torre
de la Colegiata de San Miguel, conocida en
la provincia con el sobrenombre de "Giralda de Campos". Su estilo se enmarca
dentro del gótico renacentista, destacando los siete cuerpos de los que se compone su
verticalidad. En el interior, la impronta artistica de grandes como Francisco Alonso y
Vasco de la Zarza, destacando la huella testimonial de los creadores Esteban Jordán
y Felipe Vigarny. A la iglesia de San Miguel le afecta la declaración de Conjunto
Histórico Artístico desde 1965, al igual que al resto de la Villa de Ampudia.Cerca de
San Miguel se ubican la Casa de la Cruz y el
convento de San Francisco, que se está
adaptando para recoger en sus dependencias un museo de arte sacro.
Destaca sobremanera el castillo, a todas
luces, el más importante y mejor conservado de la provincia. De arquietectura gótica,
fue declarado Monumento Nacional en 1931.
Jugó un papel importante en la guerra de las Comunidades y fue testigo mudo de la firma
del documento que autorizaba el cambio de capital de Valladolid a Madrid. En su interior
se muestran distinguidas colecciones etnográficas y arqueológicas.
A su lado , la ermita de Santiago,
cuyo retablo ha sido restaurado recientemente por un artesano de la madera.
Pero Ampudia sobresale por sus calles y, en concreto por dos muy conocidas: Ontiveros y Corredera. Calles que conservan
intacta su estructura mudéjar y un soberbio porte castellano. Sus casas, de dos alturas,
son de adobe y se intercalan con algunas de ladrillo, apoyándose en rústicos troncos de
árboles o columnas de piedras. Un ejemplo único de calles centrales porticadas. Todo el
conjunto merece ser visitado, paseando por sus parques y monumentos o disfrutando de sus
numerosas fiestas y tradiciones que se reparten a lo largo del año.
Extramuros sobreviven las bodegas,
manteniéndose en pie alrededor de cincuenta, preciados subterráneos en los que se guarda
y cría el vino y que nos remontarán a un tiempo en el que el viñedo jugó un papel
importante en la economía local. Desde allí a poco que extendamos nuestra mirada en el horizonte, aparecerán
como surgidos del entresuelo, los palomares
exhibiendo con melancolía su figura de adobe y barro, mezclados con otros que han
sobrevivido a la desidia y el abandono y que siguen albergando y dando cobijo a las
torcaces y zuritas.
Tiene ampudia un monte propio y autóctono
donde se puede pasear largo rato sin prisas pero sin pausa. Sus enormes cortafuegos
permiten el recorrido en vehículo todo terreno o en bici de montaña, si queremos poner
nuestro cuerpo en forma. Robles y encinas, junto al espliego y el tomillo adornan una pequeña
naturaleza que se salpica de pinos, corrales ganaderos y casetas agrícolas de viñedo.
Del mismo modo se puede realizar un tramo de la Cañada Real de la Mendoza y recordar la
trashumancia.
No se puede hablar de una gastronomía propia, pero si de una gastronomía
castellana, destacando todos los derivados de la matanza, platos de caza
menor (liebre, conejo), sopas de ajo y legumbres en general. Para los amantes de la
reposteria, dos productos típicos: los "picones" (especie de rosquilla
elaborada con vino y aceite) y el pan de mosto, sólo en octubre y noviembre.
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